Solidaridad admirable entre la sociedad mexicana

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Raúl Cruz                                                          Presidente Municipal Constitucional de Santa Lucía del Camino.

Octubre el décimo mes del año ha llegado y con ello nuevos bríos se vislumbran de cara al último trimestre de este 2017, Septiembre nos ha dejado con un amargo sabor de boca respecto a los lamentables hechos ocurridos al inicio y mediados de dicho mes. Nos referimos a los sismos de gran magnitud que sacudieron Oaxaca, la Ciudad de México y los estados de Puebla, Morelos y Chiapas. Por ello esta humilde opinión es una reflexión que como ser humano he vivido, en la cual toco temas generales respecto a la etapa de emergencia en la que entramos y que sin lugar a duda, cimbró a la sociedad mexicana en general.

El sentimiento de dolor, tristeza, angustia y desesperación mermó en el corazón de propios y extraños, puesto que son precisamente en estos momentos, cuando la solidaridad y la unidad se manifiestan como valores unívocos del bien común que como ciudadanos promulgamos y es que a nadie se le puede desear el mal, mucho menos en estos casos, puesto que nuestra naturaleza al prójimo, pondera más la fraternidad que la enemistad.

Por ello en estos panoramas inesperados nuestro pueblo oaxaqueño se sumó a los esfuerzos por ayudar y dar soporte a la tragedia que, sobre todo la región del istmo, había sufrido más sus consecuencias. Cabe mencionar que es aquí en este evento donde de manera puntual, la sociedad civil organizada en conjunto con los tres niveles de gobierno, unimos esfuerzos en la lucha contra dicha contingencia, olvidándonos de intereses partidistas, cleros o concepciones políticas diametralmente opuestas.

Desde quien ha aportado en la donación de despensa, su empaque y transportación, así como los que fungen como voluntarios en coordinación con las autoridades competentes en trabajos de rescate y remoción de escombros etc. Es decir, en el lugar de los hechos o a distancia existe una inmediata respuesta en cuanto a cualquier tipo de ayuda se requiera, desde la médica hasta la financiera; la empatía pues, realza estos lazos que como oaxaqueños y sobre todo como mexicanos generamos en momentos de gran júbilo o por lo contrario de tragedia nacional.

A menos de un mes de acontecido el terremoto que más resintió nuestra entidad las cosas no han sido fáciles para muchísimas familias que se han quedado sin hogar, fuente de empleo y muchas cosas más; es decir, de la noche a la mañana se trastocó la realidad inmediata de comunidades que con el paso del tiempo (ojala no sea muy lento) tendrán que desarrollar su resiliencia en aras de poder recuperar su bienestar físico-material y emocional como personas y también como pueblo en general.

Un ánimo positivo que se mezcla con angustia e inquietud corroe a varios personajes de la sociedad en la cual me incluyo, y es que, al menos para los habitantes del sureste mexicano que habitamos suelos que tocan las placas tectónicas con mayor actividad en la zona, no ha sido fácil haber sufrido estos daños materiales y psicológicos (emocionales) que aún mantienen la angustia y zozobra de que otro evento natural de esta magnitud vuelva a ocurrir; imaginando lo inimaginable y comprendiendo que somos tan complejos como especie como vulnerables al devenir interno y externo del planeta que habitamos.

Por ello #Fuerza México es uno de los gritos que hoy más que nunca, se promueven en medios nacionales e internacionales de comunicación, también las redes sociales cumplen un papel importante en cuanto la generación y difusión de información de lo acontecido, sorteando opiniones diversas muchas de gran ayuda y otras lamentablemente también tendenciosas y controversiales; y es que  independientemente del carácter que le  demos a esta tragedia ya sea de tipo religioso, científico o de otra índole; no podemos ser indiferentes a los hechos, mucho menos podemos tomar a juego una catástrofe de esta índole.

El actual auge de las redes sociales muestra también en estos momentos álgidos y trepidantes la conversión situacional de los individuos que directa o indirectamente formamos partes de la tragedia, esto como sinónimo de reflexión introspectiva y conciencia colectiva respecto a lo vulnerable que somos como seres humanos ante fenómenos naturales fuera de nuestro alcance, muy lejos de poderlos predecir mucho menos controlar.

Lamentablemente también hemos de mencionar que nunca faltan tendencias negativas que aprovechan este tipo de contingencias naturales para buscar un beneficio lucrativo de todo tipo ya sea económico-político y\o social, pero en esta ocasión no pretendo abordar el tema con profundidad puesto que no es motivo importante de esta reflexión. Solo mencionaré que, ante todo, los representantes de cargos públicos deben velar por el interés común de la nación y comunidades a la que representan. Por ello es detestable cualquier acto proselitista o similar en pos de obtener beneficios palpables el próximo año 2018 de contiendas electorales.

Ya por último me gustaría hacer un brevísimo comentario respecto al tema del mes patrio y sus respectivas celebraciones, las cuales evidentemente por el estado de contingencia fueron más discretas. Sin embargo, las condiciones históricas nos demuestran que no es necesario buscar una fecha para celebrar nuestra independencia e identidad nacional, que los simbolismos funcionan solo cuando cumplen un papel práctico y que no se trata de alimentar un falso fanatismo patriótico que dure una fecha o celebración sino del deber ser diario de quienes nos asumimos como mexicanos, porque al principio y al final todos somos uno y en el imaginario colectivo del Estado-nación se vuelven invisibles las fronteras y diferencias de cualquier tipo y solo se hace palpable el esfuerzo diario e histórico de ser unos verdaderos Estados Unidos Mexicanos.

Hoy es dos de Octubre y la memoria histórica rememora un fatídico acto de intolerancia a nivel nacional, por otro lado un acto fatídico ha sucedido hoy mismo en los Estados Unidos de Norteamérica. La reconstrucción del país en la zona centro-sur se acompaña de lluvias puntuales, del esfuerzo y desgaste humano de organismos oficiales como de ciudadanos, de la esperanza de los damnificados y de las plegarias y acciones de los que desde nuestra fortaleza apoyamos siguiendo nuestro latido del corazón que nos indica que debemos seguir apoyando en dicha reconstrucción.

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