
• Llega fundamentalmente del Cutzamala, detalló en conferencia en la cual expuso las problemáticas que se viven por la sobreexplotación del recurso.
Por comunicado.
Aunque la Ciudad de México (CDMX) está asentada sobre un antiguo lago debe importar agua de otras cuencas y elevarla más de mil metros; actualmente uno de cada cuatro litros del abastecimiento proviene del Sistema Cutzamala, destacó el investigador del Departamento de Dinámica Terrestre Superficial del Instituto de Geología de la UNAM, Raúl Alberto Silva Aguilera.
Además, se inunda, pero también se hunde: se estima que la subsidencia (hundimiento) es de aproximadamente 40 centímetros anuales en el Centro Histórico durante las últimas dos décadas; la compactación de arcillas es casi irreversible y 70 por ciento del agua potable es de ese sistema hídrico, argumentó.
Al dictar la conferencia “Más allá de flujos de agua: el Sistema Cutzamala y su complejidad en la gestión hídrica”, en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC)”, recordó:
La Cuenca de México fue originalmente un sistema endorreico, lo que significa que su drenaje era interno y carecía de salidas superficiales del recurso natural hacia otras regiones. Las pérdidas ocurrían por evaporación y las entradas provenían de 48 ríos superficiales que descendían hacia la zona más baja, donde se extendía el Lago de Texcoco.
Todo cambió
En el auditorio Julián Adem Chahín del ICAyCC precisó que con la ampliación de la mancha urbana se comenzó a explotar el agua subterránea. “Eso genera modificaciones, como la compactación de las arcillas y el fenómeno de subsidencia”. También cambió el uso de suelo en las zonas de recarga.
Sin embargo, cuando dejó de ser suficiente se planteó una “solución”: el sistema Cutzamala, cuya construcción inició en 1976. Se trata de un conjunto de presas, procedimientos de bombeo y plantas potabilizadoras.
Silva Aguilera detalló que es complejo y requiere de una gobernanza policéntrica, donde se incorporen las cuencas de aporte y se coordinen la federación, estados, municipios, operadores, comunidades y academia. Es un sistema de interdependencias que revela “cómo transformamos el agua y cómo esta transforma nuestros territorios”.
Y en lugar del ciclo hidrológico emerge el hidro-social, que considera las actividades humanas y lo que ocurre en el llamado antropoceno, aseveró Silva Aguilera.
De acuerdo con el experto, la subterránea no está en “tinacos gigantes”, se trata de flujos constantes que ocurren a escalas de tiempo y de espacio distintas, de décadas, siglos o milenios; en la atmósfera es de días.
Describió que a lo lejos la Tierra parece un planeta de agua, pero el recurso disponible es solo una fracción y casi todo el que está en estado líquido permanece oculto “bajo nuestros pies”.
