
• Blanca Lucía Prado Pano, Alma América Porres Luna, Luca Ferrari, Ligia Pérez Cruz, Moisés Dávila Serrano expusieron las dificultades para el cambio a fuentes de energía más amigables con el planeta.
Por comunicado.
La sociedad requiere más conocimiento especializado para atender temas como la transición energética, disponibilidad del agua, gestión territorial, cambio ambiental y uso sostenible de los recursos del planeta, destacó la directora del Instituto de Geología (IGL) de la UNAM, Blanca Lucía Prado Pano.
Al inaugurar la IV Reunión de Estudiantes de esa entidad universitaria afirmó que, al mismo tiempo, las ciencias de la Tierra enfrentan importantes desafíos; uno de ellos es que, en alguna de sus áreas, la matrícula ha disminuido.
En ese sentido, dijo: en el IGL tenemos la responsabilidad de formar nuevas generaciones de especialistas y de visibilizar la importancia de esas disciplinas para el futuro de México. La reunión de este año busca destacar la vigencia y relevancia de ese campo del conocimiento.
El futuro de la disciplina depende de una comunidad estudiantil fuerte, participativa y capaz de enfrentar los retos que nos esperan, aseveró la universitaria en el auditorio José Guadalupe Aguilera.
¿Y el impacto ambiental?
En la mesa “La importancia de la transversalidad de las geociencias para la transición energética”, la asesora independiente en exploración y producción de hidrocarburos, Alma América Porres Luna, sostuvo que la transición energética depende de las geociencias y que la energía es el núcleo del desarrollo. No obstante, 655 millones de personas viven sin ella y 200 millones necesitan de combustibles y tecnologías tradicionales contaminantes para cocinar.
Reconoció que los hidrocarburos mantendrán su posición como fuente principal de energía. En México 80 por ciento de esta depende de combustibles fósiles, razón por la cual el petróleo seguirá siendo necesario para la petroquímica y base de miles de productos.
De acuerdo con el académico del Instituto de Geociencias de la UNAM, Luca Ferrari, la narrativa es que el cambio climático es el problema más apremiante y que su solución es pasar de fuentes no renovables y contaminantes a las infinitas y limpias. Esa visión simplista deja fuera los impactos socioambientales por la explotación de recursos, por ejemplo.
En 2022 se decía que para 2030 se necesitaría tres veces la cantidad de minerales críticos que se consumían entonces. Un auto eléctrico requiere casi seis veces más que uno de gasolina. Sin embargo, de 1991 a 2024 hubo un declive de 40 por ciento en la concentración de los yacimientos de cobre, y con la reducción de minerales aumenta el uso de energía y agua para la extracción, además de mayor impacto ambiental, alertó.
Ligia Pérez Cruz, del Instituto de Geofísica, mencionó que el territorio marítimo del país es mayor que el continental, y ahí hay mucho por explorar. La oportunidad para las y los jóvenes es amplia: hay sitos donde se pueden encontrar energéticos, hidrocarburos o gas, o minerales de importancia económica. Pero no basta con ello; hay que determinar cómo se van a aprovechar y cuál será su repercusión en el ecosistema.
Refirió que, como parte de sus trabajos, efectúan levantamientos batimétricos en la región del Golfo de México para conocer cómo han sido las características del suelo y subsuelo marinos, definen cómo fueron las corrientes y la manera en que ha evolucionado la circulación oceánica para crear modelos predictivos. En esta labor entran las y los geólogos, geofísicos, geógrafos, biólogos, tecnólogos o quienes trabajan con inteligencia artificial.
Para el catedrático de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional, Moisés Dávila Serrano, el consumo desmedido e inequitativo de recursos es el problema, y su síntoma es el cambio climático. En el encuentro estuvieron: Lizeth Caballero García y Miguel Ángel Torres Martínez, representantes de la directora del IGL ante los comités académicos de los posgrados en Ciencias de la Tierra y Ciencias Biológicas, respectivamente.
