
• Con una mesa vibradora diseñada por estudiantes del Instituto de Ingeniería de la UNAM, el proyecto divulga conocimiento acerca de los movimientos telúricos entre miles de personas.
Los sismos son parte de nuestro imaginario. La Ciudad de México ha sido sacudida en múltiples ocasiones por dicho fenómeno; pero no todo ha sido malo, pues esas catástrofes han permitido el desarrollo de protocolos de protección civil para preparar a las personas en caso de emergencia.
Entender cómo se comportan los edificios no es sólo para servidores públicos, sino para académicos y una herramienta para el día a día. Bajo esa idea, estudiantes y especialistas del Instituto de Ingeniería (IINGEN) de la UNAM desarrollaron un Laboratorio Itinerante (LI) para llevar el conocimiento sobre el tema de forma accesible e interactiva.
La iniciativa nació en 2021, cuando el equipo encabezado por Adrián Pozos Estrada, investigador del IINGEN, identificó lo difícil que era para la población acceder a espacios especializados. “Los temas que nos interesaban se explicaban inadecuadamente; por ello nos dimos a la tarea de difundir información correcta, desde el punto de vista técnico, en un lenguaje sencillo, directo y entendible para el público en general”.
Entre restricciones logísticas y normas de operación, el contacto con la ingeniería aplicada resultaba limitado. La solución fue invertir la lógica: si la gente no podía ir al laboratorio, el LI iría a la gente. Así surgió este proyecto que recorre escuelas, universidades y ferias científicas para explicar cómo responden las estructuras ante un sismo.
Al centro de este espacio móvil de divulgación hay una mesa vibradora, diseñada y construida por los propios estudiantes, que es capaz de simular movimientos sísmicos y mostrar, en tiempo real, el comportamiento de modelos estructurales.
El desarrollo de esta herramienta no sólo resolvió un problema de acceso, sino que evidenció el potencial de la investigación mexicana. Frente a equipos comerciales de alto costo, el equipo universitario construyó una versión funcional con una inversión significativamente menor, integrando conocimientos de ingeniería civil, mecánica, programación y diseño.
De hecho, su mesa vibradora obtuvo el título de Diseño Industrial por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), lo cual significa que la ley ampara su autoría y especificaciones, aunque están abiertos a las colaboraciones con otros colegas o universidades, siempre y cuando se le dé reconocimiento a la UNAM de la información técnica.
Pero el verdadero valor del Laboratorio Itinerante está en su capacidad de traducir conceptos complejos en algo comprensible. En sus visitas, los universitarios inspiran a las infancias a construir edificios de papel y los someten a vibraciones; los y las jóvenes observan cómo influyen factores como el peso o la rigidez, y hay quienes reconocen, en los modelos, vivencias propias. “Hubo quienes nos expresaron que en el sismo del 85 sintieron lo que nosotros estábamos explicando”, relató Pozos Estrada.
Por otro lado, para muchos asistentes, esta experiencia representa un primer acercamiento tangible a la ingeniería estructural. “Había visto, en internet, mesas similares, aunque ninguna era de México”, refiere Jimena, estudiante de la Facultad de Química que participó en una de las actividades que impartió el LI en Las Islas de CU. A diferencia de otros contenidos, destaca que aquí no sólo se observa, sino que se entiende. “Me gustó que era demostrativo y explicativo, así uno aprende más”.
El stand del IINGEN llamó la atención de Jimena por la familiaridad que vio en aquella superficie vibradora. “Estas dinámicas se salen de ese modelo tradicional de sólo estar en el salón, ante el pizarrón escuchando una exposición muy larga. Me parece bonito que sea una explicación corta, concisa y con todos los elementos visuales y didácticos”, afirmó.
El momento cumbre fue cuando Jimena se subió a la mesita vibradora y experimentó el vaivén de un sismo, como si ella misma fuera un edificio. “En el temblor uno se marea un poco, pero aquí se sintió chistoso, percibí el movimiento en mis articulaciones, cadera y hombros”, relató Jimena.
En la Ciudad de México, donde la actividad sísmica es constante, estas iniciativas tienen un valor social relevante. Más allá de la demostración, el LI fomenta conciencia sobre lo crucial de la construcción segura y el papel de la ingeniería en la prevención de riesgos. “Eso puede ser muy importante para evitar tragedias”, aseguró la joven.
Desde finales de 2023, el laboratorio ha realizado cerca de 30 visitas a distintos planteles en la CDMX, Estado de México y Guanajuato, y ha impactado a más de dos mil 500 personas, entre alumnado, docentes y público en general. La respuesta ha sido positiva: además del aprendizaje, los asistentes destacan la claridad de las explicaciones y la posibilidad de interactuar con fenómenos usualmente abstractos.
El proyecto ha sido presentado en otros países y participado en colaboraciones con iniciativas en Estados Unidos y Europa, “lo que confirma la capacidad de la UNAM para generar propuestas innovadoras en divulgación científica y tecnológica”, aseguró el investigador Pozos.
A futuro, el equipo planea ampliar el alcance del LI con desarrollos como un “muro de reacción” a escala que permitirá mostrar cómo se deforman elementos estructurales bajo distintas fuerzas a fin de profundizar en la comprensión de los materiales y reforzar el vínculo entre teoría y práctica. En un país en el que la autoconstrucción es la única vía, para muchos, de tener casa, iniciativas como la referida marcan una diferencia. Acercar el conocimiento técnico a la población democratiza la ciencia y contribuye a construir entornos más seguros, porque cuando la ingeniería se entiende, se convierte en una herramienta que salva vidas.
