
Por comunicado.
Santa Cruz Xoxocotlán, Oax., 31 de oct.- La noche cayó sobre Santa Cruz Xoxocotlán y la luz de las velas comenzó a dibujar los caminos entre las tumbas. El cempasúchil y el aroma del copal acompañaron la llegada de las familias que, entre flores y recuerdos, volvieron a reunirse con quienes siguen presentes en la eternidad.
La jornada había comenzado mucho antes. Desde temprano, la elaboración de tapetes reunió paciencia, creatividad y manos dispuestas a transformar la arena en figuras y colores. En la calle Melchor Ocampo, estas obras acompañaron el recorrido de habitantes y visitantes, quienes encontraron en cada detalle una expresión del talento y la dedicación del pueblo xoxeño.
Conforme avanzó la tarde, las calles ofrecieron otras formas de acercarse a la tradición. Las pinturas, la cerámica prehispánica y los murales “Camino al Mictlán”, hicieron del recorrido un encuentro con el arte y las distintas maneras de representar la vida, la muerte y la identidad de la comunidad.
Al anochecer, los panteones de San Sebastián Mártir, Mictlancíhuatl y Monte Albán se convirtieron en el centro de la celebración. La presidenta municipal Nancy Benítez y parte del Cabildo se integraron a las familias para acomodar sus ofrendas, encender las velas y permanece “velando” junto a las sepulturas. Entre oraciones y conversaciones, la noche abrió un espacio para recordar: los nombres, las historias y los momentos compartidos volvieron a encontrar su lugar entre los presentes.
En esos gestos se expresó el sincretismo que distingue a la Velada. La fe católica y las raíces ancestrales convivieron entre cruces, flores, copal y ofrendas. Las generaciones mayores acompañaron a las más jóvenes en una costumbre que se aprende al participar: llevar una flor, cuidar una vela y escuchar la historia de quienes forman parte de la familia.
La música también acompañó el encuentro. Las bandas de viento de Santa Cruz Xoxocotlán y las voces de las y los intérpretes como Patricia Arcaraz y Chistian Cernas llevaron sus melodías a los espacios de la celebración. La nostalgia convivió con la alegría y el ánimo festivo de una comunidad que encontró en la música otra manera de honrar a sus seres queridos y celebrar la vida bailando con la Banda La Diabla.
Quienes llegaron de otras partes de Oaxaca, del país y del mundo compartieron una noche profundamente familiar. A su paso por los panteones, encontraron ofrendas que guardaban historias y familias que mantenían viva la tradición con su presencia. Cada tumba adornada recordó que esta celebración nace del cariño y del cuidado hacia quienes se adelantaron.
La noche avanzó entre el resplandor de las velas, el perfume de las flores y la música. Xoxocotlán volvió a reunirse alrededor de sus recuerdos y compartió con sus visitantes una de sus tradiciones más entrañables.
Porque esta noche, entre oraciones, silencios y canciones, el pueblo xoxeño volvió a expresar la memoria que guarda en el corazón.
