
• En la Sierra de Chichinautzin la mancha urbana avanza, comentó Claus Siebe.
Por comunicado.
Las del volcán Xitle son las lavas “jóvenes” más densamente pobladas del mundo. Aunque construir ahí es costoso, porque hay que cimentar en roca dura, estos terrenos han sido urbanizados debido a la expansión de la Ciudad de México, señaló Claus Siebe, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.
Al participar en el podcast Geofísica al Descubierto, de esa entidad universitaria, advirtió que es el más joven de los aproximadamente 200 conos volcánicos monogenéticos (que hacen erupción una sola vez) que conforman la Sierra de Chichinautzin. No tenemos la posibilidad de hacer pronósticos para saber cuándo podría volver a ocurrir una erupción.
Ese volcán produjo un vasto campo de lava, conocido en la actualidad como el Pedregal, que por sus características morfológicas “se ve muy joven”: tiene poca vegetación y menor desarrollo de suelo, recordó al abordar el tema Ciudad sobre lava: la historia eruptiva del Xitle.
Debajo hay ruinas arqueológicas, la más conocida es la pirámide de Cuicuilco. “Se cree que fue uno de los primeros espacios urbanos en el centro de México. La incipiente urbe fue impactada directamente por la erupción hace mil 670 años; la lava cubrió por completo el asentamiento, con excepción de la pirámide, debido a sus dimensiones, detalló.
Se sabe con certeza que esa región, que incluía Copilco, fue abandonada. No se conoce cuántos habitantes eran, pero debieron migrar y si Teotihuacan ya existía tal vez ahí encontraron un hogar e incidieron en el crecimiento poblacional de la “ciudad de los dioses”, apuntó.
En este contexto, el universitario explicó: “el centro del país se encuentra atravesado por el cinturón volcánico mexicano, que va de las costas del Océano Pacífico al Golfo de México. La Sierra de Chichinautzin y el Popocatépetl lo conforman, donde hay grandes estratovolcanes y monogenéticos. Ese es el caso del Xitle.
Este coloso, abundó, es diferente a otros conos que vemos en el paisaje alrededor de la Ciudad de México. La mayoría son de composición andesítica, es decir, rica en sílice, lo cual produce lavas viscosas, que no fluyen con facilidad. En cambio, hay un pequeño porcentaje que son de composición basáltica y fluyen con mayor facilidad, como en este caso. “De ese modo vemos lavas cordadas (parecen cuerdas)”.
Mencionó que desde tiempos remotos la lava ha sido explotada y usada en la construcción de Tenochtitlan, por ejemplo. “En los vestigios arqueológicos en el centro de la ciudad se pueden encontrar fragmentos de ese material, que probablemente transportaban en canoas. También se le reconoce en edificios coloniales. Las canteras estuvieron en operación desde tiempos antiguos”.
La erupción, relató, calcinó la vegetación y solo quedó la roca. Las lavas más distantes llegaron a aproximadamente 12 kilómetros del cono del Xitle, y abarcaron un territorio de alrededor de 70 kilómetros cuadrados que paulatinamente ha sido recolonizado por la flora y fauna. “Ese proceso tarda miles de años, hasta que finalmente se forma suelo nuevo”.
Las rocas volcánicas gradualmente se convierten en suelo, que es particularmente fértil y permite dar sustento a grandes poblaciones, destacó el experto.
Ni la vegetación ni los animales se han recuperado a los niveles que existían previo a la erupción, ya que antes de que eso ocurriera “llegó la mancha urbana y lo invadió todo”, concluyó Claus Siebe.
