
• Mediante convenio, estrechó colaboración en investigación científica, conservación ambiental e innovación tecnológica con las asociaciones ORGCAS, Beta Diversidad y FOMARES
• Alfred Barry U’Ren Cortés y Píndaro Díaz Jaimes indicaron que los grandes desafíos exigen la suma de capacidades.
Por comunicado.
La Universidad Nacional no puede permanecer aislada en sus laboratorios, aulas, facultades, escuelas, institutos y centros; “su vocación pública nos exige salir al encuentro de los problemas reales, escuchar a quienes trabajan en los territorios, reconocer saberes distintos y colaborar de manera cercana, respetuosa y corresponsable”.
Así lo explicó la coordinadora de la Investigación Científica de esta casa de estudios, María Soledad Funes Argüello, quien agregó: solo así la ciencia se traduce en acciones con sentido social, en herramientas para la conservación, formación de nuevas generaciones y en soluciones que contribuyan a construir una sociedad más igualitaria, sustentable y resiliente.
Al presidir la firma del convenio entre la UNAM -por medio de los institutos de Ciencias Nucleares (ICN) y de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL)- y las asociaciones civiles Sea Souls (ORGCAS), Beta Diversidad y FOMARES para la colaboración en investigación científica, conservación ambiental e innovación tecnológica, estimó que con esta alianza se reconoce que los desafíos ambientales no pueden atenderse a partir de una sola disciplina, institución o forma de conocimiento.
En esta casa de estudios, dijo, la comunicación y el trabajo transversal no son accesorios de la labor académica, sino condiciones necesarias para que el conocimiento tenga mayor alcance, pertinencia e impacto. “Celebro que este convenio abra un espacio para sumar capacidades y tender puentes más sólidos entre la investigación científica y la sociedad civil”.
Al hacer uso de la palabra, el director del ICN, Alfred Barry U’Ren Cortés, resaltó que los grandes desafíos exigen la suma de capacidades, conocimientos y voluntades. Ninguna institución, por sólida que sea, puede resolver dificultades tan complejas. Por ello, es indispensable construir alianzas estratégicas entre universidades, organizaciones de la sociedad civil y actores comprometidos con el bienestar colectivo.
“Estamos convencidos de que herramientas emergentes como la inteligencia artificial, el análisis avanzado de datos, la instrumentación científica y los enfoques interdisciplinarios pueden contribuir significativamente a comprender y atender problemas ambientales”, subrayó.
A decir del director del ICMyL, Píndaro Díaz Jaimes, este convenio -vigente al 31 de diciembre de 2028- potencia la vinculación de las capacidades científicas de la Universidad con territorios y comunidades que requieren soluciones concretas; fortalece la participación de personas investigadoras y estudiantes en iniciativas de campo.
De igual forma, es testimonio de que la ciencia y la sociedad civil pueden y deben caminar juntas. La UNAM, fiel a su mandato fundacional de extender los beneficios de la ciencia y la cultura, suscribe este compromiso con la convicción de que la conservación de nuestro patrimonio natural es también una tarea universitaria, acotó.
En representación de Beta Diversidad, Mario Gerardo Gómez Cruz, manifestó que con esta acción se suman capacidades, lo que fortifica este tipo de propuestas a nivel nacional.
De acuerdo con la presidenta del Consejo Directivo de ORGCAS, María Fernanda Gómez González, respaldan la ciencia con la sabiduría y conocimiento empírico de las comunidades costeras y, de manera, conjunta, defendemos y promovemos mejores decisiones para nuestros ecosistemas.
